El carácter del líder en tiempos de incertidumbre
La incertidumbre se ha convertido en el estado natural de las organizaciones. Los ciclos tecnológicos se aceleran, los mercados cambian con rapidez y las ventajas competitivas son cada vez más efímeras. En este contexto, las empresas necesitan adaptarse constantemente para seguir siendo relevantes. Sin embargo, existe una pregunta previa a cualquier estrategia:
¿qué tipo de persona debe ser capaz de liderar una organización en medio de esta incertidumbre?
Durante años hemos puesto el foco en los modelos de negocio, la innovación, la digitalización o la eficiencia operativa. Todo ello es importante. Pero pocas veces hablamos del elemento sobre el que finalmente descansan todas las decisiones: el carácter del líder.
Porque las organizaciones rara vez superan el nivel de madurez de quienes las dirigen.
Si entendemos la riqueza únicamente como beneficio económico, el liderazgo se convierte fácilmente en una carrera por la supervivencia financiera. Pero si ampliamos el concepto de riqueza para incluir el conocimiento, la confianza, el desarrollo humano, la salud organizativa y la contribución social, la función del empresario adquiere una dimensión diferente.
Su responsabilidad consiste en aumentar la riqueza total que la organización aporta al mundo. Y para hacerlo necesita primero desarrollar una determinada disciplina interior.
Inspirados en los principios formulados por Don Miguel Ruiz en Los cuatro acuerdos, podemos trasladar estas ideas al ámbito empresarial y preguntarnos qué disciplina interior necesita quien tiene la responsabilidad de dirigir una organización.
Los cuatro acuerdos para un liderazgo empresarial consciente
Ser impecable con la palabra
La confianza es probablemente el activo más valioso de cualquier organización y se construye principalmente a través de las palabras.
Los líderes generan riqueza cuando comunican con honestidad, incluso cuando las noticias son incómodas.
Las organizaciones soportan mejor los cambios difíciles cuando las personas perciben coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
La credibilidad tarda años en construirse y minutos en desaparecer.
No tomar las dificultades como algo personal
Los mercados cambian.
Los clientes cambian.
Los equipos cambian.
Las decisiones son cuestionadas.
Los errores ocurren.
Quien lidera desde el ego dedica gran parte de su energía a defender posiciones, justificar decisiones pasadas o proteger su propia imagen.
Quien lidera desde el propósito dirige esa energía hacia el aprendizaje y la adaptación.
El objetivo no es tener razón.
El objetivo es seguir creando valor.
No hacer suposiciones
Muchas organizaciones fracasan no por falta de talento sino por exceso de certezas.
Suponen que el cliente seguirá comportándose igual.
Suponen que la tecnología tardará en llegar.
Suponen que la competencia no cambiará las reglas del juego.
La incertidumbre exige humildad intelectual.
Las empresas que sobreviven no son las que mejor predicen el futuro, sino las que aprenden más rápido cuando el futuro resulta diferente de lo esperado.
Hacer siempre lo mejor posible
El liderazgo no consiste en alcanzar la perfección.
Consiste en comprometerse plenamente con las circunstancias disponibles en cada momento.
Habrá decisiones acertadas y decisiones equivocadas.
Habrá éxitos y fracasos.
Habrá cambios que funcionen y otros que no.
Pero la responsabilidad del líder no es controlar todos los resultados.
Su responsabilidad es aportar cada día la mejor versión posible de sí mismo al servicio de la organización y de las personas que dependen de ella.
La riqueza como consecuencia
Las empresas extraordinarias rara vez persiguen exclusivamente el beneficio económico.
Persiguen la excelencia.
Persiguen el aprendizaje.
Persiguen el desarrollo del talento.
Persiguen resolver problemas reales para clientes reales.
Y como consecuencia de ello, generan beneficios.
La riqueza económica es imprescindible para la supervivencia de la organización, pero no constituye por sí sola el propósito de la empresa.
Del mismo modo que el oxígeno es necesario para vivir pero no constituye el sentido de la vida, el beneficio es necesario para la empresa pero no explica completamente su existencia.
El liderazgo como responsabilidad moral
Quizá el verdadero liderazgo empresarial del siglo XXI consista en algo mucho más exigente de lo que solemos imaginar.
No consiste únicamente en gestionar recursos.
Ni en maximizar beneficios.
Ni siquiera en proteger el presente.
Consiste en desarrollar personas, construir organizaciones capaces de aprender y generar la mayor riqueza posible para la sociedad en todas sus dimensiones.
Riqueza económica.
Riqueza intelectual.
Riqueza profesional.
Riqueza social.
Riqueza humana.
Porque al final, las organizaciones más valiosas no son las que extraen más valor del mundo.
Son aquellas cuya existencia hace que el mundo que las rodea sea objetivamente mejor y más rico gracias a ellas.
